«Carrera-apuesta» de coches entre Castellón y Benicàssim (11.05.1926)

En la primavera de 1926, el escaso tráfico de coches permitía escenas como una «carrera-apuesta» entre un Citroën de 10 CV y un Ford España, ambos propiedad de particulares, «en la carretera» de Benicàssim, con ‘desmarque’ posterior de la segunda marca, como contaba Heraldo de Castellón el martes 11 de mayo.

Al día siguiente, el «simpático representante de Ford en Castellón, Francisco Balaguer Gonel, se desmarca de la acción: «no puede hacerse solidaria la marca Ford de un hecho aislado por un particular desconocedor del manejo del coche»:

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El «credo» del ‘Cossi’, visto por el satírico ‘El Marchaler de Castelló’ (10.05.1896)

En el sistema caciquil de la Restauración, el Cossi domina la política provincial. Este movimiento político fundado por Victorino Fabra Gil cuenta con el respaldo de los duques de Tetuán, primero Leopoldo O’Donnell y luego Carlos O’Donnell, líder nacional del Partido Conservador. En mayo de 1896, El Marchaler de Castelló presenta a sus lectores en esta peculiar sección de Relichó y Moral cosiera un particular «credo» dedicado al «creador de la arbitrariedad y de los empleos»:

La cabecera de este «periodic criticaor, agre-dols i deslligat» es en sí misma una declaración de intenciones sobre su carácter corrosivo para el poder. En tiempos en que muchos periódicos se presentan como «órgano oficial» de tal o cual partido político, El Marchaler dice ser el «acordeón ofisial de la chent de lligona i d’espardeña», asegurando que su tirada es de 50.000 ejemplares, «3 más que el Heraldo de Castellón», fundado en 1895.

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Los deberes municipales para ordenar «la anarquía» de los cables eléctricos (09.05.1931)

Diario de Castellon pone deberes al Ayuntamiento de Castellón el sábado 9 de mayo de 1931 con un titular más que elocuente: «hay que ordenar eso de los cables». Se refiere el periódico así a la necesidad de poner remedio al «estado de verdadera anarquía» al que se ha llegado al haberse «tolerado» que cada empresa, cada compañía «y el mismo Ayuntamiento» hayan tendido los cables de sus respectivas redes eléctricas «sin sujeción a plan de ninguna clase». El resultado: «así están esas calles de Dios, cruzadas una y mil veces por cables conductores de energía eléctrica que se desprenden en cuanto sopla el viento con regular violencia y ponen en peligro vidas y haciendas». Contra este «baldón para la ciudad» se rebela el diario, que por otra parte se resiste a la creación de una plaza de ingeniero electricista en el consistorio: no quiere «recargar en un céntimo la nómina de personal, no sea que nos vaya a salir peor el remedio que la enfermedad».

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