Menos de un mes después de iniciada la Guerra Civil, Castellón permanece alejada de las hostilidades bélicas, pero el contraste entre su situación con el contexto de la contienda empieza a ser manifiesto. Un buen ejemplo es esta columna de Heraldo de Castellón, en la que se reflejan ambos aspectos sin salir de la capital de La Plana.
Por un lado, el periódico celebra la «normalidad de la vida en Castellón» y como «mayor prueba de la normalidad que aquí se disfruta» pone la fidelidad del vecindario a la «tradición» de disfrutar en el campo de los días «de mañana, fiesta de la Asunción; pasado, fiesta de San Roque, y el lunes, fiesta del gos«. Asimismo, se informa sobre el cierre de los establecimientos de ultramarinos por las fiestas de agosto.
Pero justo a continuación, y tras un reclamo comercial de un tinte para el cabello, se refiere al incremento de trabajo por parte del Frente Popular (recién instalado en el Casino Antiguo): «los encargados de expedir los salvoconductos han tenido que aumentar las mesas de despacho porque ahora todos los que salgan de la ciudad, bien se dirijan al Grao, a los masets o a otras zonas del término, necesariamente han de proveerse de salvoconducto». Dicho requisito hace que se formen «larguísimas colas» a pesar de que los encargados «no descansan un momento»




