El miércoles 1 de septiembre de 1926, los lectores del vespertino Heraldo de Castellón se encuentran en su página 2 con los primeros datos de una noticia de última hora que hará correr ríos de tinta. Una «catástrofe ferroviaria» en el tren correo Barcelona-Valencia, sucedida de madrugada entre las estaciones tarraconenses de l’Ametlla de Mar y l’Ampolla. Las cifras del balance definitivo hablarán de 21 fallecidos y 130 heridos.

Al día siguiente, Diario de Castellón abre su portada excepcionalmente a cinco columnas, dando cuenta de lo que ya se ha confirmado como una «horrorosa catástrofe», causada por un desprendimiento de tierras que causa «el desplome de una cantera sobre el convoy en marcha».
En su extensa información se incluye el dato del fallecimiento, durante el rescate y por el disparo -supuestamente accidental- de un arma, de un labrador castellonense con domicilio en la calle Gobernador de la capital: José Llopis Felip, fallecido a los 41 años y que será enterrado en el cementerio de la localidad de Jesús.
En esa misma jornada, Heraldo de Castellón subraya el papel desempeñado en las tareas de atención a los heridos, en el lugar del accidente, por el alcalde de Tortosa, Joaquín Bau, más tarde diputado carlista en la II República y que en el franquismo ocupó distintos cargos, entre ellos el de presidente del Consejo de Estado. Bau estaba casado con la castellonense Pilar Carpi y construiría Villa Elisa en Benicàssim, poniéndole el nombre de una de sus hijas.






