«Castellón ardía por todos los cuatro costados y en las calles no había más rey ni Roque que el que más y mejores cohetes disparaba». Con estas palabras se refería Heraldo de Castellón el sábado 17 de agosto de 1901 a «un espectáculo que no se da en el villorrio de peor condición»: «con el pretexto de las fallas, que por cierto fueron muchas, se dispararon a discreción cientos de cohetes que obligaron a todo el mundo a encerrarse en sus casas y a interrumpir por completo el tránsito público». El diario hablaba de tomadura de pelo a la ciudad, de denuncias y hasta de un apuñalamiento en la calle Mendizábal -hoy Aparisi Guijarro, junto al Hospital Provincial: «jamás hubiéramos creído lo de anoche a no haberlo visto».
Tres días antes, el miércoles 14, El Regional anticipaba lo que iba a pasar, en principio, al anochecer de la festividad de la Asunción de la Virgen María: «siguiendo la costumbre de años anteriores serán quemados en la vía pública todos los muebles inservibles y cuyas llamas han de ponernos al abrigo de toda epidemia», dado que las hogueras «destruyen los muchos insectos que anidan los trastos viejos».



