«Este mal se ha generalizado en toda España y es ya una cosa inevitable». Así se refiere Heraldo de Castellón el primer viernes de julio de 1936 a los cambios en el callejero a raíz de una decisión del Ayuntamiento de Altura por la que se mudan los nombres de cinco calles de la localidad. La avenida del Santuario pasa a ser de Luis de Sirval, la plaza de la Cueva Santa se dedica a los Mártires de la Libertad, la calle de Fernando Gasset se denomina Manuel Azaña, la de Carlos Selma es rebautizada como de Agustín Sebastián y la de los Calvarios, como de los Mártires de Asturias.
Quince días después, comenzará la Guerra Civil.


