Un asunto con fondo religioso protagoniza este suelto de El Clamor de Castellón el primer jueves de julio de 1891, a partir de «la excomunión que el obispo ha decretado para el director, redactores, colaboradores, lectores, impresor, cajistas, enfajadores, repartidores, vendedores y demás de La Bandera Laica«. El diario da la “enhorabuena” a su colega por una medida puesto que en su caso “nos probó mucho la excomunión de que hace años fuimos objeto, pues nuestra salud no se ha resentido sino que ha mejorado, y nuestro periódico es el único que de aquella época queda en pie”, lo que pone como “prueba de la eficacia de los cuidados episcopales”. El prelado de Tortosa en ese momento es el oscense Francisco Aznar y Pueyo.


