Avanzado el mes de junio de 1951, Batueco (seudónimo del director del periódico, Jaime Nos) critica con dureza en este artículo de Mediterráneo el «cierre total» de los siete cines y un teatro de la capital durante los tres meses de verano, lamentándose porque el hecho convertía a la capital de la Plana «en una de las más míseras aldeas» en materia de espectáculos.
El autor añade que el rango e importancia de una ciudad «no depende solo del número de sus habitantes, del aspecto de sus calles y del estado de sus servicios oficiales, sino, en mayor grado, de ese conjunto de cosas de propiedad o de iniciativa aprivada, pero de importancia e interés públicos». Por ello, y sin paños calientes, se lamenta asimismo de que «nuestro Teatro Principal se ha convertido en una sala de pueblo, cada sábado y cada domingo escogida para la actuación de modestísimas compañías de variedades», además de reseñar que los cines «van de mal en peor, con programas por lo general bastante deficientes».
Como perla final, Nos admite que el periódico ha ejercido la autocensura para no cargar las tintas en este tema: «a lo largo de la temporada hemos recibido quejas y cartas sobre el asunto de los espectáculos. No las hemos querido hacer públicas, porque ello hubiera significado una continua campaña que creemos contraproducente».


