Un lector que firma como V. T. publica en mayo de 1951 una carta al director de Mediterráneo en la que subraya que el Ayuntamiento de la capital suele prestar «la debida atención a cuantas quejas o ruegos se le formulan desde esta simpática y popular sección».
A continuación se lamenta porque no ha sido el caso de su última petición: que el consistorio vuelva a alimentar a las palomas del Parque Ribalta: «hace años se les daba de comer -y buen pienso- dos veces al día; una por la mañana y otra por la tarde, luego una sola vez por la mañana -orujo de uva- y ahora nada». Así que el preocupado lector se pregunta: «¿tanto eleva el presupuesto municipal de gastos, el mantenimiento de estos animalitos, cuando tantos jornales se invierten en el riego de los muchos árboles que se han plantado por estas calles y avenidas?». En opinión de V. T., sin las palomas el parque «perderá el cincuenta por ciento» de su belleza y alegría.


