Dos noticias que dan cuenta del crecimiento de la capital de la Plana se reúnen en pocas líneas el 5 de agosto de 1929 en Heraldo de Castellón.
La primera es de carácter urbanístico y se refiere a las inminentes «obras de abovedamiento de la Cequiota«, acequia que transcurre sobre el trazado de la actual Gran Vía. Una reforma «tan necesaria» en opinión del periódico permitirá que la calle Miguel Juan Pascual –antes del Velódromo, junto a la plaza de toros– «quedará por fin unida a la Gran Vía», puesto que hasta ese momento la acequia separa ambos viales a la altura del cruce de la avenida Doctor Clará.
La segunda se refiere al progresivo incremento del tránsito de vehículos y tiene tintes reinvidicativos. El redactor considera que, del mismo modo que en la plaza de Castelar (hoy Puerta del Sol) hay un guardia que ordena la circulación, «debiera existir también en la de la Paz». Y para que no quepa duda, aclara que la petición es para «la entrada de la calle Mayor», puesto que en la misma plaza ya presta servicio («de antiguo») otro guardia, pero que se ubica en el cruce con la calle Falcó «para avisar del peligro de la llegada de los tranvías», en referencia a la Panderola.
Tres horas, seis minutos y dieciséis segundos es el tiempo empleado por el vila-realense Juan Bautista Llorens Albiol para cubrir los 100 km del XXIV Campeonato de España de Ciclismo en Ruta, que tiene lugar en Bilbao el 3 de agosto de 1924. Con un breve telegrama («Bilbao.- Llegado primero. Campeón de España. Llorens») se recibe la noticia en su tierra natal, como recoge al día siguiente Heraldo de Castellón.
Cuatro veces triunfador absoluto en la categoría de velocidad, el entorchado de fondo en carretera corona su carrera deportiva a los 26 años, con un triunfo que alcanza, según explica en sus notas biográficasSalvador Bellés, «luciendo ya el maillot blanco de seda del CD Castellón, con culotte negro, al igual que los calcetines, zapatillas y casco de cuero, relucientes, con su bicicleta negra con remates niquelados». Su victoria se produce al esprint, tras recorrer el centenar de kilómetros de la ruta Bilbao-Elorrio-Bilbao.
A los elogios del periódico castellonense, que pide homenajes a la altura de la gesta, se suman noticias de alcance nacional, como la que publica en la misma fecha El Mundo Deportivo:
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Un par de semanas después, el 19 de agosto, Heraldo de Castellón da cuenta del regreso a casa del laureado deportista vila-realense, que es recibido tras triunfar también en el campeonato nacional de velocidad en Badalona. Es recibido en la estación de la capital por «numerosos amigos y socios y una representación del C.D. Castellón», en la sede del cual es obsequiado con un vino de honor antes del «delirante recibimiento» que le espera en su localidad de origen.
Los restos de la que había sido importante Cartuja de Vall de Crist en Altura, destruida en los años que siguen a la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, son objeto de atención por parte del corresponsal de Mediterráneo en Segorbe a principios de agosto de 1954. «Con dolor» explica que «seguramente la portada de estilo románico (…) va a ser arrancada de las ruinas de la que fue Real Cartuja». Para prevenir a los lectores de las dimensiones del peligro que, a su juicio, corren los restos, se declara «sorprendido» por las «facilidades» que se estarían dando a quienes supuestamente pretenden llevarse dicha portada, poniendo como ejemplo intentos anteriores a cargo de un canónigo, un obispo –Fray Luis Amigó– y un bibliotecario.
Al año siguiente (1955), la Diputación de Castellón comprará la iglesia de San Martín, por tanto solo una pequeña parte de la Cartuja, aunque el 9 de octubre de ese año, con motivo de una fiesta extraordinaria en el Santuario por la inauguración de un monumento a Fray Bonifacio Ferrer -autor según la tradición de la imagen de la Cueva Santa-, el presidente de la institución provincial, Carlos Fabra Andrés, dirá que está haciendo gestiones «para la adquisición de la totalidad de lo que fue monasterio, con el fin de devolverlo a los padres cartujos o a la orden que estime conveniente el obispo», por entonces Josep Pont i Gol. Así se recoge en el libro Altura 1910-2010: memoria de un siglo, de José Manuel López Blay, cronista oficial de Altura y componente de la Asociación Cartuja de Valldecrist.
En todo caso, el objetivo de Fabra no se cumpliría, y al margen de ello, los historiadores no tienen constancia en la década de los 50 de un «despojo» como el que augura el periódico.
Sin datos que lo confirmen en absoluto, cabe la posibilidad de que la portada a la que se refiere el redactor de la noticia fuese la de la iglesia mayor de la Cartuja, pero -dejémoslo claro- se trata de pura especulación. Lo cierto es que este elemento arquitectónico «es el único que conserva restos escultóricos del monasterio», según explica en una guía de visita el citado López Blay, quien nos cede esta fotografía de comienzos del siglo XX:
En la citada guía de visita, el grupo escultórico (cuyo aspecto deteriorado se mantiene hoy) es recreado por un dibujo de Josep-Marí Gómez, experto en la materia y autor del libro La Cartuja de Vall de Crist y su iglesia mayor. Aproximación a su reconstrucción gráfica. López Blay explica su configuración: «Protegido por el pórtico y excavado en el muro de la iglesia se encontraba el grupo escultórico de argamasa, cuyos restos mutilados aún pueden apreciarse hoy en día. Esculpido, seguramente, en la primera década del siglo XVIII por Nicolás de Bussy o algún miembro de su círculo estilístico, se trata de una Sacra Conversazione en la que aparecen San Juan Bautista (patrón de la Orden), la Virgen con el Niño y San Bruno (fundador). Bajo el grupo, se conservan los escudos heráldicos de Martín I y de María de Luna y en las ménsulas que soportaban el arranque de las arcos de la bóveda se distinguen dos elementos del tetramorfos (león= San Marcos; ángel = san Mateo)».
Escribo en Castelló de la Plana (39°58′N 0°03′O), desde donde el astrónomo Pierre Méchain aportó datos clave para la medición del Meridiano de Greenwich justo antes de fallecer por la fiebre amarilla en 1804. Más de 200 años después, este blog explora las coordenadas cambiantes del mundo de la comunicación y el periodismo. Un espacio para el ayer de las hemerotecas pero también para el reportaje, la entrevista y la noticia, en el que también caben la reflexión y el análisis.