El acto heroico de un cura muerto al salvar a un niño en la playa de Benicàssim (03.10.1911)

En agosto de 1911, el sacerdote vinarocense Isidoro Oliver Egea lleva ocho años al frente de la parroquia de Benicàssim. El día 8 de ese mes, tras observar en apuros a un niño de 13 años que se ahogaba en la playa, se lanza en su rescate salvando al chico, pero perdiendo la vida en el envite. Casi dos meses después, Heraldo de Castellón informa sobre una iniciativa destinada a guardar memoria del episodio y homenajear al fallecido: la «colonia veraniega» de la localidad ha costeado con una suscripción una «preciosa lápida de mármol de Carrara», obra del marmolista José Nebot e impulsada por el sacerdote Manuel Pascual. Durante muchos años, la lápida estará colocada en la entrada de la iglesia benicense, mientras la localidad pondrá a una calle el nombre de Mossén Oliver.

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