Una epidemia de cólera dejará en la segunda mitad de 1885 más de 6.000 muertes en la provincia de Castellón, pero en 1884 la enfermedad ya está haciendo estragos en Francia, con numerosas víctimas en Marsella y Tolón. Antes de que acabe el año, llegará a Alicante y Valencia. La alarma cunde en España. Así, el bisemanal castellonense El Clamor de la Democracia se lamenta por el perjuicio que genera a la economía «la presencia del cólera ó su declaración oficial, que no es todo lo mismo». Lo hace a partir de unas líneas de su corresponsal en la Vilavella, que se lamentaba del «muy alto precio» que pagaba la población por la escasa afluencia a su balneario: «seguramente no alcanza a trescientos el número [de bañistas] de los que han venido después del 1 de septiembre».
Para hacerse a la idea de la situación, cabe señalar que ya «a partir del Reglamento de Baños y Aguas minerales de 1874 se asignó a los baños de la Vilavella la calificación de primera clase por superar la asistencia de bañistas anuales el número de mil», según recoge este estudio de Mª Carmen Francés, José López y María López.


