En 1931, el tranvía de Onda al Grao de Castellón -la popular Panderola– lleva 43 años circulando por el corazón de la capital de la Plana, convertida en parte esencial de rincones urbanos como la plaza de la Paz. Sin embargo, «la desviación» del ferrocarril de vía estrecha «por fuera de la ciudad» es tema recurrente en Heraldo de Castellón. En enero de ese año, meses antes de la proclamación de la II República, en el diario fundado por José Castelló y Tárrega se confiesan «asombrados de que el problema no haya merecido la menor atención por parte de nuestro concejo municipal».
El periódico pide al Ayuntamiento que ante las «insistentes demandas de varios castellonenses», que a su juicio reflejan «los anhelos de la Ciudad», el consistorio debe actuar, dada la «importancia extraordinaria» que el asunto tiene para Castellón: «no puede demorar ni un momento más una reforma de tanta trascendencia». Los argumentos son «el desarrollo y crecimiento de la población» y «la seguridad personal y la circulación y el tráfico, que no pueden estar a merced de un Tranvía» que entre otras cosas «aplasta, de vez en cuando, algún transeúnte, al menor descuido». No obstante, la Panderola no variará su recorrido urbano hasta su último viaje, el 1 de septiembre de 1963.




