El mercado del pescado ¿a la plaza María Agustina? (27.07.1884)

En 1884 aún faltan 14 años para la inauguración de la nueva cárcel modelo en la Ronda Magdalena, y la prisión se ubica entre los bajos de la casa capitular y unas casitas de enfrente. Justo al lado, en una plazuela «diminuta y cuadrada» -como la describirá tres años después el historiador Arcadio Llistar– se localizan los puestos de venta de pescado del mercado municipal, entonces localizado en la plaza Mayor.

Este es uno de los motivos por los que la junta de sanidad decide, según recoge el semanario El Clamor a finales de julio de 1884, el traslado de la pescadería a la plaza María Agustina, al considerar que «estando la pescadería junto a las cárceles es preciso la separación de los focos [de infección] que allí existen». No obstante, el periódico republicano reprocha a la junta su «poco tacto» con el tema.

Y es que el diario ve «el remedio peor que la enfermedad», dado que en María Agustina «existen en reducido espacio el hospital [de Trullols, precedente del Hospital Provincial], los lavaderos [donde hoy se alza la Subdelegación del Gobierno], el matadero, y porque si esto no bastara, la cloaca de desagüe del hospital que apesta y envenena aquella atmósfera». El periódico propone que la venta del pescado pase a realizarse en la plaza de la Paz, un lugar «más céntrico» y con «muchísimas mejores condiciones».

El Clamor plantea el traslado a María Agustina como algo que ya ha tenido lugar, pero si llega a producirse se trata de un paso efímero, puesto que en 1887 Llistar atestigua que la pescadería sigue donde solía, a la sombra del Ayuntamiento, y dos años después el consistorio aprueba el adoquinado de la plaza que recibe su nombre de la venta del pescado. De hecho, solo unos días después de la primera noticia, el 7 de agosto, el mismo periódico indica que las pescaderas se niegan a trasladarse a su nueva ubicación:

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En busca de una playa… sin algas (26.07.1924)

La acumulación de algas en las playas castellonenses es motivo recurrente de queja y lamento por parte de la prensa en las primeras décadas del siglo XX. Un colaborador de Heraldo de Castellón, que firma Joa-Quinito, asegura que «así como Diógenes buscaba con un farol un hombre, Castellón debe hacer por encontrar una playa», ante los problemas de los bañistas de las del Serrallo y el Pinar, que por esos días salen del agua «de seguro, sucios y cubiertos de alga». A continuación, pasa a elogiar las playas catalanas, cántabras y vascas -citando incluso la letra de la ópera Marina-, lamentándose por el estado de las de la Plana: «Aquí no saldría Venus triunfante de sus aguas».

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Librarse del servicio militar en tiempos de guerra… por 1.500 pesetas (25.07.1894)

Nada menos que 9.557 españoles llamados a filas en 1894 aprovechan la opción de la «redención en metálico», por la que las familias con mayor capacidad económica pueden librar a sus hijos del servicio militar, siendo estos sustituidos por soldados más pobres. Es una cifra ostensiblemente superior a la de años anteriores, y es que en este momento está en marcha la primera Guerra del Rif (o de Margallo).

A finales de julio, esta noticia de El Clamor de Castellón explica que el pago a formalizar para la redención en metálico es de 1.500 pesetas, para «los mozos a quienes haya tocado en suerte servir en el Ejército de Ultramar».

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