La competencia entre el fútbol y los toros en 1929 (07.03.1929)

El 10 de marzo de 1929, una semana más tarde de lo previsto, tuvo lugar la Romería a la Magdalena de aquel año, suspendida una semana antes por la lluvia. El aplazamiento también afectó a la tradicional corrida de toros, por lo que en el cuarto domingo de Cuaresma, los aficionados al fútbol y a los toros hubieron de elegir, al coincidir el horario de ambos festejos. La directiva del CD Castellón, que se enfrentaba al Real Murcia, se lamentaba en este anuncio publicado en Diario de Castellón porque a pesar de sus «buenos propósitos», no se había llegado a un acuerdo con la empresa del coso taurino, «esperándose el que la afición castellonense acuda en masa al Sequiol para demostrar su verdadera potencia».

El Castellón ganó su partido por 4-3, aunque el cronista del encuentro en el mismo periódico se lamentaba amargamente por la coincidencia:

Según otro suelto del diario, el fútbol ganó la partida a la corrida de toros… y luego todos acabaron en la Procesión de Penitentes:

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Juan Belmonte, Castellón y el recuerdo de su primera tarde vestido de luces (06.03.1914)

El recorte superior se publicó en Heraldo de Castellón el lunes 6 de mayo de 1912, sobre la novillada celebrada la víspera en la plaza de toros de la ciudad. Solo en la penúltima línea asoma el apellido de Juan Belmonte, entre la «gente subalterna». El cartel estaba compuesto por Torerito, Vaquerito y como sobresaliente, el sevillano que pasaría a la posteridad como el Pasmo de Triana.

En el libro Juan Belmonte, matador de toros, de Manuel Chaves Nogales, el episodio es narrado por el propio diestro: «Se celebró la novillada en la que yo actuaba de sobresaliente. En el primer toro fue cogido Torerito de Valencia y nos quedamos solos en el ruedo Vaquerito y yo. Desde aquel momento me puse a convencerle de que debía dejarme que matase un toro. Al principio me dijo que sí, pero luego fué dándome largas. […] Eché a correr apenas salió el último novillo de la tarde; me abrí de capa y le di varios lances con todo el entusiasmo y el coraje de que era capaz. Luego, en los quites, me arrimé tanto, que vi como el público se ponía en pie y me aclamaba. Los que presenciaron aquella corrida dicen que se asustaron al ver cómo toreaba aquel muchachillo desmedrado y mal vestido que era yo. Le di la impresión de que se trataba de un loco o de un borracho; en suma, un tipo disparatado, que se jugaba la vida a cara o cruz, sin saber por dónde se andaba. Cuando llegó la hora de matar, pedí a Vaquerito que me cediese la espada y la muleta. se resistió; pero, aunque de mala gana, fué conmigo a pedirle al presidente que me autorizase a matar al novillo. A todo esto, el público tomaba parte estruendosamente en la pugna que yo sostenía. Unos, querían que yo matase; otros, se oponían a gritos, considerando que yo era un pobre suicida que iba por un cornalón seguro. Tal impresión les había hecho mi manera de torear. El presidente se puso de parte de la gente de buenos sentimientos, y no me dejaron que matase al novillo».

Según cuenta José Luis Ramón Carrión en el DB~e (Diccionario Biográfico Electrónico de la Real Academia de la Historia), la carrera del maestro sevillano empezó como una sucesión de fracasos. Pero su destino cambió aquel domingo en Castellón. «Cuando todo parecía perdido, el 27 de marzo de 1912 [error, fue el 5 de mayo] Belmonte toreó como sobresaliente en una novillada en Castellón. Ese día, por percance de Torerito de Valencia, el trianero intervino en quites, ganándose el favor de una parte de la plaza y la animadversión de otra, que le “juzgaba como un loco”, según Cossío. No obstante, tras esa novillada Belmonte ganó gran fama, que le valió para entrar en el cartel del 26 de mayo siguiente en Valencia, todavía sin picadores. Dice Cossío: “El resultado de la corrida fue francamente favorable para Juan, que estuvo muy decidido con unos toros mansos y de mucha romana y que dejó entrever algún vislumbre de su futuro arte«.

Más de dos años después, el 6 de marzo de 1914, La Provincia publicaba este suelto, en el que se explicaba cómo el torero, ya consagrado recordaba con cariño aquella tarde en el coso de Pérez Galdós:

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Gran éxito del I Certamen Infantil de Dibujo y Pintura, premio ‘Capla’ (05.03.1974)

El éxito sin discusión del Premio Capla, certamen infantil de dibujo y pintura, marcó a varias generaciones de castellonenses en los años 70 y 80. La iniciativa de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón tuvo una respuesta abrumadora desde sus inicios. Tal día como hoy de 1974, Mediterráneo informaba sobre el balance de su primera edición, celebrada el domingo 3 de marzo en la plaza Mayor de la capital de la Plana: cerca de 2.000 niños y niñas se habían dado cita para pintar las fachadas de la Concatedral de Santa María, el Ayuntamiento, el Mercado Central o la Fuente de los Artistas de Juan Bautista Adsuara, en la plaza de la Pescadería.

En el primer jurado tomaron parte el presidente de la Junta de Gobierno de la entidad, Daniel Tirado Climent, así como los consejeros Guillermo Colom Beltrán y José Sánchez Adell y los funcionarios Francisco Catalán Font y Carlos Gascó Calduch, junto al pintor Lorenzo Ramírez Portolés, trabajador de la Caja, quien actuó como secretario.

En la víspera del encuentro, la Caja de Ahorros publicaba un «aviso a los participantes» indicando asimismo los lugares habilitados para el aparcamiento «dado el elevado número de escolares» inscritos.

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