El último sábado de octubre de 1976, Mediterráneo da cuenta del regreso del Teatro Argentino a la capital de la Plana, un año más, de la mano del abogado y empresario Manolo Llorens, el hijo del fundador de este teatro ambulante, un bailarín bilbaíno que, de joven, se había enamorado del tango. En el titular, toda una declaración de principios: «hay que saber hacer destape sin ofender a nadie», como leit motiv de una iniciativa que cumplía 45 años de historia. El empresario asegura que en Castellón, «por el cariño que le tengo, es donde rigen los precios más baratos».


