41 millones de pesetas en depósitos en el 50 aniversario de la Caja de Ahorros (01.02.1950)

El cincuentenario de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón es celebrado por Mediterráneo el primer día de febrero de 1950 con una doble página en la que se da cuenta de la evolución de la entidad: «medio siglo de fecunda y benéfica labor». El diario recuerda que de las 106 libretas de ahorro abiertas en 1900 se ha pasado en 50 años a 19.341, con unos depósitos que se han multiplicado desde las 59.000 pesetas a los 41 millones a mediados del siglo XX.

El reportaje se basa en buena parte en una entrevista con el presidente de la entidad, Ángel Sánchez Gozalbo, y en otra con su director, Manuel Breva Valls, ilustradas con fotografías de diferentes sedes de la Caja, como la central o las sucursales de Morella o Nules. Un artículo del director del diario, Jaime Nos, extrae una conclusión clara: «es para todos una institución propia en la que el producto de afanes y trabajos rinden no solo fruto al mismo imponente, sino a la ciudad entera y a los más necesitados de ellas, a la vez que contribuye a las más nobles empresas».

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La vieja figura del sereno se incorpora a la plantilla municipal (31.01.1975)

El primer pleno municipal del Ayuntamiento de Castellón en 1975, presidido por Francisco Grangel Mascarós, aprueba la incorporación de la figura de los vigilantes nocturnos -los antiguos serenos- a la plantilla municipal. Nada menos que 30 plazas se crean para que los vigilantes dejen de ser trabajadores eventuales, situación laboral en la que llevan unos años. El último día de enero, el diario Mediterráneo recuerda a este respecto que en 1948 eran 45 las «demarcaciones» en que estos trabajadores ejercían su labor y que la cifra se había reducido a 27 «por falta de personal».

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Como recordará años más tarde el periodista Francisco Pascual: «Colegas de los guardias municipales, aunque al margen de la institución, estaban los serenos. Ave María, las doce de la noche y sereno, era la cantinela que repetían cada hora para información viva voce de los que sufrían de insomnio, porque los durmientes ni se enteraban. Aquellos vigilantes nocturnos vivían un poco de la caridad pública, porque tenían que ir a cobrar el recibo de casa en casa, sin que el Ayuntamiento en realidad tuviera nada que ver con el tema, al menos en su financiación. A pesar de esto, los vecinos les profesaban un especial afecto y consideración por su entrega en un oficio poco grato y a veces hasta peligroso como es siempre el de cualquier celador de la seguridad, y en este caso más todavía, porque estaban en vela toda la noche hasta las primeras luces del alba en una ciudad que dormía confiada en sus vigías. Aquella «rara avis» poco a poco desapareció, a medida que fallecían o abandonaban los más mayores en edad, ya en los años 60. Y en esta última etapa, el ayuntamiento les acogió como auxiliares de la Guardia Municipal con un salario digno y al margen de la precariedad que sufrieron durante tantos años y además, nunca mejor dicho, con nocturnidad. La placa de guardia municipal les dio en ese periodo final un rango de autoridad frente a los desaprensivos que suelen abundar en la noche. El chuzo y el farol, con el consiguiente llavero, ahora mismo son el recuerdo de un ayer que cada vez nos parece más lejano al contemplar el Castellón actual con sus movidas nocturnas».

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La batuta de la Banda Municipal de Castellón cambia de manos (30.01.1955)

29 años después de haber asumido la dirección de la Banda Municipal de Castellón, un lejano 18 de diciembre de 1925, sustituyendo a Julio Sabater Roig, Eduardo Felip Suárez se jubila a comienzos de 1955. Atrás quedan, entre otros hitos, dos triunfos en el Certamen de Bandas de Valencia, la Guerra Civil y la realización de conciertos en diferentes ciudades españolas. A finales de enero de 1955, Mediterráneo se hace eco del relevo al frente de la banda, que pasa a estar dirigida por Juan Garcés Queralt. Los profesores ofrecen a ambos, Felip y Garcés, «una comida íntima» en el Grao, y el periódico se suma «sinceramente» a la emoción de la despedida al primero y del recibimiento al segundo. Garcés, que ofrecerá su primer concierto el domingo 6 de marzo, pasará a su vez la batuta en 1983 a Francisco Signes Castelló, tras aceptar la dirección de la Banda Municipal de Valencia.

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