La bendición de la segunda Cruz del Bartolo, 83 años después de la primera (14.05.1985)

El domingo 12 de mayo, en una cima algo más baja que la del monte Sant Miquel -o Montjoliu- en el Desierto de las Palmas, se celebra el acto de bendición de la segunda Cruz del Bartolo, a cargo del obispo José María Cases Deordal. Dos días después, la crónica de Mediterráneo, firmada por el futuro alcalde de Benicàssim, Francesc Colomer, subraya que el monumento se alza hasta los 24 metros de altura y tiene un peso de 90 toneladas, habiéndose destinado a su erección 10 millones de pesetas.

La nueva Cruz viene a reemplazar a la dinamitada el 17 de agosto de 1936, a los pocos días de iniciarse la Guerra Civil, que había sido bendecida el 26 de octubre de 1902 por el obispo de Tortosa, Pedro Rocamora. Con una altura total de 18 metros -pedestal incluido- el monumento es fruto de una suscripción popular. Sus restos quedan junto a las antenas de telecomunicaciones del Bartolo y la ermita de Sant Miquel.

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Cambio provisional del reloj que da la «hora oficial» de la ciudad (13.05.1935)

A mediados de mayo de 1935, Heraldo de Castellón da cuenta de una noticia que «participa» el encargado del «reloj de la torre» campanario. Según la breve nota, se ha tenido que «parar la marcha» del citado reloj con motivo de una reparación «y que por dicho motivo la hora oficial será la que marque el reloj del Banco de Castellón», en la Puerta del Sol. Son años en que dicha hora oficial es importante, por ejemplo, para marcar el horario de salida y llegada de los trenes en la estación del ferrocarril de la ciudad.

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Antonio Campos pide permiso para instalar su kiosco en el Parque Ribalta (12.05.1900)

A mediados de mayo de 1900, Diario de Castellón, periódico del Partido Liberal Dinástico en la provincia, recoge la noticia de la petición al Ayuntamiento, por parte de Antonio Campos, de un permiso «para instalar en el paseo del Obelisco, contiguo a la plazoleta de dicho monumento, un kiosco para la venta de helados durante los meses de verano». Es el comienzo de toda una época en la historia del Parque Ribalta, en la que el punto elegido por Campos se convertirá en epicentro de la vida de la ciudad en la etapa estival.

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