En abril de 1936, nueve años antes de las primeras fiestas de la Magdalena en su configuración actual y solo tres meses antes del estallido de la Guerra Civil, Heraldo de Castellón publica una carta firmada por Dos castelloneros. En ella, se plantean «atraer al forastero y retener a este el mayor tiempo posible» explotando «nuestra fiesta de les Gaiates, tan típica y no menos original» que las Fallas valencianas o las Fogueres alicantinas.
Con el foco puesto en «aprovechar» la gaiata «como motivo principal de nuestras fiestas», los firmantes del artículo consideran que los festejos podrían durar «tres días como mínimum«. La idea sería iniciar los festejos «la víspera, con una lúcida cabalgata alegórica a la fiesta», dedicando domingo, lunes y martes a las gaiatas: «es indispensable que se presenten todos los años de 80 a 100 Gaiates completamente nuevas, expresamente hechas para esos días (…) Cada calle de nuestra ciudad debe presentar a las fiestas una Gaiata como cada calle de Valencia hace una falla. Si la calle es corta y tiene poca cantidad de vecinos pueden reunirse dos o más calles». Otra de las ideas pasa porque cada gaiata presentara su Belleza y que una de ellas fuera «la belleza de les gaiates».


