El cambio de siglo XIX al XX está marcado en Castellón por importantes obras públicas que configuran la ciudad de la nueva centuria. Una de ellas es la del Camino-Paseo de Lledó, que une la plaza María Agustina con el ermitorio de la Patrona de la ciudad, que se convertirá en Basílica en 1983.
En abril de 1931, bajo el seudónimo Félix del Arrabal se publica un artículo en Diario de la Mañana que evoca aquellas obras. Se resalta el papel impulsor, allá por 1894, del concejal Vicente Bellido Alba y se destaca que por entonces, para llegar a Lledó «se tenía que andar mucho y penosamente por hondos caminos vecinales como los de La Plana, Rafalafena y Taxida, empalmar unos con otros caminos vecinales atravesando sendas y saltar acequias». El Ayuntamiento presidido por Eliseo Soler Breva aprobará el proyecto por unanimidad.
Asimismo, se rememoran la suscripción popular que haría posible la iniciativa y las insistentes campañas de Heraldo de Castellón para la terminación del proyecto, sin olvidar la procesión del 31 de diciembre de 1900 que llevó a la imagen de la Mare de Déu del Lledó hasta Santa María y sirvió como estreno del camino-paseo «coincidiendo con la entrada del siglo XX y con motivo de las fiestas centenarias».


