A finales de enero de 1931, Heraldo de Castellón anunciaba en un breve la publicación de «una interesante información» en la «importante revista madrileña Estampa» por parte de «nuestro paisano el notable escritor Alardo Prats y Beltrán«. El tema, nada menos que «las tradicionales fiestas que la ciudad de Morella, dedica cada seis años a su Patrona la Virgen de la Vallivana», con «preciosas fotografías».

El reportaje aludido se publica en la edición del 24 de enero de Estampa. Bajo el epígrafe Costumbres españolas, se titula Las vistosas danzas de los gremios morellanos. Entre fotografías presumiblemente correspondientes al 39º Sexenni, el de 1928, Prats desliza un texto de buena literatura a doble página, empezando por su arranque: «Aparece la ciudad de Morella bajo el arco del horizonte como un gigantesco navío aprisionado entre el crespo oleaje petrifijado en las montañas del Maestrazgo. Ciudad medieval en su traza. Ciudad de aguafuerte. La ciñe un gris cinturón de murallas almenadas. La coronan las ruinas de un castillo».
Nacido en Culla, Prats ha publicado dos años antes Tres días con los endemoniados. La España desconocida y tenebrosa, ambientado en el entorno del Santuario de la Balma (Zorita). En el reportaje sobre el Sexenni, el periodista describe al detalle la Morella del momento y escucha el lamento de la decadencia de los gremios medievales: «solo queda la tradición de sus danzas como detalle pintoresco. ¡Lo demás lo hacen todo las máquinas!». La juventud, escribe «va y viene de aquí a Barcelona mucho» y «les gusta más el agarrao, como les gustan más las máquinas que los telares viejos. ¿Quién podría llamarse ahora de verdad artesano, tejedor, talabartero o tornero?».

Por otra parte, describe Prats con precisión las danzas de los tejedores, dels bastonets, de los labradores, de las gitanas y de los torneros, para la cual «se escogen los bailarines entre los mozos más esbeltos del gremio». El cronista evoca así el recuerdo «de un día inolvidable en la insigne Morella, bajo un cielo de agosto vibrante de campanas jubilosas».

En este texto del religioso, historiador y archivero Manuel Milián Boix se describe somermente aquel 39º Sexenio de 1928: «Festival taurino, actuando de espada Tiberio Martínez, Cagancho III, aficionado morellano. Corridas del gall y cucaña de la Paella (costumbre antigua del Sol de Vila). Otras diversiones populares tradicionales, corridas de toros, castillo de fuegos y becerrada cómica por el auténtico Charlot, Chispa y su Botones».

