La confección del censo de población plantea al Ayuntamiento de Castellón, a comienzos de 1931, el «problema» de averiguar «a qué término municipal corresponden las islas Columbretes». Así lo recoge La Provincia Nueva, que informa sobre el encargo del alcalde Manuel Breva Perales al concejal Juan Carbó Doménech -alcalde en la década anterior y que fallecería al cabo de unos meses- y al archivero Luis Revest Corzo, para que «realicen la necesaria investigación» con el propósito de «demostrar que aquellas islas son de Castellón, teniendo en cuenta que a la Baronía de Benicasim y señorío de Montornés y Columbretes se adjudicaban estas».
Hasta octubre de 1955, cuando un decreto del Ministerio de Gobernación ratifique la intención del consistorio castellonense, las Columbretes serán consideradas terra nullius (tierra de nadie). Será decisivo, en este sentido, el nacimiento en el archipiélago de un bebé que será empadronado en la capital de la Plana. Otras ciudades, como Palma o Valencia, también aspiraban a incorporar las islas a sus respectivos términos municipales.

