En octubre de 1930, las efemérides del Diario de la Mañana rescatan para la memoria de sus lectores el episodio de la excomunión dictada contra la villa de Castellón por el obispo de Tortosa 302 años antes, en 1628. El obispo era Justino Antolínez de Burgos (no Faustino como se le llama por error) y el periódico cuenta que el origen de tal decisión ecleciástica es económico: «a causa de la gran escasez y carestía de comestibles que aflijía a este reino, acordaron los Jurados de Castellón comprar por su justo valor todo el trigo que hubiese en el término», incluyendo «el que pertenecía al diezmo» del prelado dertusense. Por ello, el obispo «fulmina una excomunión» contra Castellón «por haberse incautado, pagándolo antes» de lo que le correspondía.
En respuesta, la villa recurre a la Real Audiencia (de Valencia) expresando los motivos de su decisión. El municipio «acrimina después con duras palabras» la conducta del obispo «tenint com a pastor i prelat més precissa obligació de socorrer les necesitats de sos feligresos… etc.»


