Cinco años antes de la primera misa en la parroquia de la Trinidad y diez después de la apertura de las aulas de las Escuelas Pías, las obras del templo avanzan con lentitud y el propio «palacio calasancio» está inacabado, de acuerdo con las noticias de Heraldo de Castellón a mediados de septiembre de 1910. Heraldo de Castellón se hace eco de un debate del Ayuntamiento de Castellón en el que se aboga por el derribo de una «valla protectora» de las obras de la iglesia en construcción.
Se apela a la voluntad de los albaceas de la familia del sacerdote y benefactor Juan Bautista Cardona Vives, con los fondos de cuyo legado se llevan a cabo ambas obras. El periódico va más allá: «que se derribe esa valla, que se llegue de cualquier modo a la terminación de la Iglesia y a la definitiva conclusión de las Escuelas Pías, que después de esto quedará por hacer lo más principal; esto es, la urbanización de aquellos alrededores, mediante la expropiación de algunas casas que den amplio acceso a la plaza de las Escuelas Pías», para eliminar «el verdadero laberinto de calles y callejas que hay que recorrer» en ese momento.


