Con el periódico repleto de noticias sobre el azote del cólera, en el verano de 1885 El Clamor de Castellón recoge la noticia de la decisión adoptada el jueves 20 de agosto por el Ayuntamiento de la capital de la Plana, por la que se nombra «por unanimidad» como nuevo Hijo Predilecto de la ciudad al «digno y honrado sacerdote don Juan Cardona, arcipreste que fue de esta ciudad», al tiempo que se da su nombre a la llamada calle del Agua. Al día siguiente del pleno municipal, una comisión de concejales «tuvo la honra de noticiar al señor Cardona, el acuerdo merecido de la corporación». El diario detalla cómo la banda de La Lira da una serenata frente a la casa del sacerdote y benefactor castellonense. Además, El Clamor subraya que «la opinión, a pesar de que la mano izquierda no se entera de los actos de caridad que durante toda la vida viene realizando la diestra» de Juan Bautista Cardona Vives, «lo proclama con justicia padre de los pobres«.
Nacido en 1814, Cardona Vives es, entre otras cosas presbítero, arcipreste de Santa María o prior de Lledó, y tiene además a lo largo de su vida un papel muy ligado al progreso urbano de su ciudad natal. Tercero de seis hermanos en una familia noble, desde niño muestra aptitudes para el latín, las humanidades y la filosofía. El 18 de julio de 1857, cuando ya cuenta 43 años de edad, oficia en Santa María su primera misa. Es profesor de Geografía en el instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara y se doctora en Teología. En 1863 es nombrado arcipreste de Castelló. En la epidemia de cólera de mediados de los años 80 del siglo XIX, se entrega a fondo en la atención a pobres, enfermos y necesitados. A su muerte, lega grandes cantidades económicas para dotar a Santa María de un nuevo altar mayor, la sacristía, la pintura de todo el templo y otras mejoras. Fallecidos sus padres y hermanos sin herederos, Cardona Vives entrega su fortuna familiar a Castellón, tras fundar el Asilo de Ancianos Desamparados. A su legado familiar se deben el edificio de las Escuelas Pías, las iglesias y casas parroquiales de la Trinidad y de la Sagrada Familia, el colegio de huérfanos de San Vicente Ferrer, el convento de las Monjas Capuchinas y otras muchas ayudas a varios templos, entre ellos el Ermitorio de Lledó, sin olvidar la estatua al Rey Don Jaime I en la avenida de su nombre, con diseño del escultor José Viciano.



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