Dos años después de la cremà de la «primera falla artística plantada en Burriana», en concreto en la plaza de la Mercè, la fiesta va tomando vuelo. No en vano en 1929 ya son tres los monumentos que se plantan. En 1930, el corresponsal de Heraldo de Castellón subraya que «con esto de las fallas hemos atraído a nuestra ciudad a miles y miles de forasteros», por lo que se pregunta: «¿conviene que cuidemos, conservemos y fomentemos esta fiesta de las fallas?», pidiendo al Ayuntamiento que se pronuncie al respecto.
En la crónica de lo sucedido el miércoles 19 de marzo, «el gentiazo de ese día de San José fue enorme, brutalmente incalculable. No cesó en todo el día el movimiento de autos y autobuses cargados a todo meter, lo mismo que el tranvía y trenes del Norte, dejando y llevándose gente. Solo el tranvía trajo cerca de mil pasajeros». El éxito, para el cronista, fue «una cosa colosalmente seria».



