Veinte años después de su publicación en 1905, el libro Intereses económicos, agrícolas, industriales y mercantiles de Castellón, de José Ribelles Comín, es recuperado por un artículo firmado por Basconia en Heraldo de Castellón, en el que resucita un episodio del mismo para recordar su carácter «verdaderamente interesante» para el público local. Concretamente, se refiere a una reunión del Ayuntamiento de Castellón celebrada el 26 de septiembre de 1841, presidida el alcalde accidental Rafael Lanuza, en la que se acuerda «elevar una razonada instancia al Regente del Reino», Baldomero Espartero, «pidiendo se habilitara nuestra playa para la exportación de vinos y coloniales». El origen de la idea, según se recoge en el propio libro, parte del intendente municipal, quien dos días antes entrega a la Alcaldía un oficio «en el que exponía al Ayuntamiento las ventajas que reportaría a esta ciudad el que se declarase habilitado su puerto para la importación de géneros coloniales y extranjeros, por lo que invitaba al Ayuntamiento a que diera este paso, para lo cual y en primer término, debía ponerse en buen estado el camino viejo del mar» (actual avenida Hermanos Bou).
Basconia se lamenta en el artículo de que en los 84 años transcurridos desde ese momento «hemos adelantado bien poco» puesto que en 1925 apenas puede admitir el puerto «más tráfico que veleros de cuarenta toneladas». Por ello, concluye: «debemos convencernos en Castellón de que la construcción de un puerto es obra de varias generaciones».
La misiva del consistorio a Espartero no obtendrá respuesta alguna. Quizá por ello, en realidad se suele considerar que la historia del Puerto de Castellón empieza a fraguarse en 1865, cuando un grupo de 39 políticos y empresarios castellonenses escriben a la reina Isabel II reclamando un puerto en la ciudad de Castellón «para exportar cerámica artística, productos agrícolas y propiciar el desarrollo de la industria y el comercio». Así lo recoge hoy en día la propia web del Puerto.


