Las críticas a «la desacertada misión periodística de Alberto de Silva» por parte de otro periódico mueven al corresponsal del Diario de la Mañana en Benicàssim a salir en defensa de su propio trabajo, en la edición de un viernes de febrero de 1930. Entre los logros para el pueblo que el reportero atribuye a su labor periodística se encuentran desde haber «conseguido un peatón», ayudante del cartero de la localidad, hasta «conseguir que no nos falte la luz eléctrica», «la concesión del Teléfono» o «impedir la orgía de gastos injustos que se venían haciendo en esta villa (tracas, fiestas, banquetes, homenajes, etcétera».
Con ironía, el firmante Alberto de Silva califica de «desaciertos» los citados hitos, y admite haberse equivocado «alguna vez», si bien «hemos tenido la delicadeza de rectificar a su debido tiempo». Finalmente, se remite al día del Juicio Final para dar cuenta «de nuestros actos, claros o turbios».


