Vecinos a favor y en contra del Teatro Principal (11.01.1885)

El Clamor de la Democracia, diario fundado en 1881 por varios jóvenes redactores que abandonan el republicano El Clamor, desaparecerá en la primavera de 1885 al fundirse de nuevo ambas redacciones bajo la nueva cabecera El Clamor de Castellón. En los cuatro años de convivencia en los quioscos, los dos primeros periódicos se enfrentan y los mayores tratan de ridiculizar a los jóvenes tildándolos repetidamente de bebés. Ambas cabeceras rivalizan y polemizan en múltiples ocasiones como esta: a comienzos de 1885, El Clamor de la Democracia sale al paso de un suelto del otro diario, que llamaba la atención sobre el contraste entre el avance de la plaza de toros -impulsada por la iniciativa privada y que sería una realidad en 1887- y la ausencia de progresos en cuanto a la construcción del futuro Teatro Principal de Castellón, que había llevado a «los vecinos de la plaza de la Paz» a presentar «una exposición (…) pidiendo al ayuntamiento que construya el teatro en esta capital».

En su réplica, El Clamor de la Democracia señala que la iniciativa en defensa de la construcción del teatro -que finalmente se inauguraría en 1894- «la suscriben personas de todas las clases sociales y de todas las opiniones políticas» y concluye que la mejor prueba de que no se trata de una «cuestión política» es el hecho de que exista «otra exposición contra el expediente y plano del teatro, iniciada por algunos vecinos de la calle de Zapateros [hoy Colón] y plaza del Rey».

Cabe añadir que los promotores de El Clamor de la Democracia, como recogió Manuel Martí, eran los nuevos valores republicanos de la ciudad, que se enfrentaban a la generación anterior liderada por Francisco González Chermá: eran jóvenes «de extracción burguesa y formación universitaria, con ideas muy diferentes respecto a lo que había de ser la política republicana, de las mantenidas por el artesanado, que hasta el momento había encabezado el partido» (republicano). Entre ellos, los abogados Enrique Perales y Fernando Gasset, el periodista -y luego cronista de la ciudad- Carlos Llinás o el comerciante Francisco Borjas.

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