En la primavera de 1904, es apenas un proyecto, poco más que una idea. En el verano ya es una realidad. Y a las puertas del invierno, sin acabar el año, se convierte en historia. Es la «fuente mágica» instalada en la plaza de la Independencia, que es objeto de atención de Heraldo de Castellón desde el mes de mayo:
En diciembre, el propio periódico se hace eco de la propuesta del alcalde Joaquín Peris Martí al pleno municipal para la retirada de la citada fuente, que supuestamente combinaría luz y agua, porque «actualmente no puede funcionar y constituye un obstáculo para el tránsito público». El Ayuntamiento decide a favor de su supresión, si bien «conservándose la cañería y demás que esté debajo de la superficie con el fin de poderla utilizar el día de mañana».
Un cuarto de siglo después, en 1929, la Farola del arquitecto Francisco Maristany se instalará en el centro de la plaza, en memoria de la Coronación pontificia y canónica de la Mare de Déu del Lledó, que se lleva a cabo en ese mismo lugar en 1924.


