A finales de noviembre de 1924, Heraldo de Castellón envía su «aplauso» al «celoso concejal» Vicente Ortega Gracia, quien ha anunciado su propósito de «hermosear y acondicionar el bello paraje del Pinar del Grao» para, a continuación, recordarle que antes tiene otros deberes pendientes con el Parque Ribalta. De este modo, el periódico insta al Ayuntamiento presidido por Francisco Ruiz Cazador a «terminar» en el principal espacio verde de la ciudad «bancos y un kiosco de necesidad, aparte la construcción adecuada de los regueros, la instalación de la proyectada Biblioteca pública y la plantación de la explanada del estanque». Y cuando todo ello esté realizado, «entonces habrá llegado el momento del Pinar», para el cual sugiere que además de la propuesta del concejal es necesaria «su repoblación antes de que nos quedemos allí sin un pino».
Cabe añadir que cinco años después, en 1929, se inaugurará en el lado sur del Parque Ribalta, frente a la plaza de toros, la Biblioteca Pública Municipal, que en 1936 será sustituida a su vez por unas escuelas públicas. En el mismo lugar, desde 1966 funcionará durante unos años un parque infantil de tráfico, y en la actualidad es un espacio en forma de media naranja; en su centro destaca un pequeño monumento dedicado a los críticos taurinos.


