El director del periódico, en la cárcel y el alcalde «por la calle»: relato de un escándalo (27.10.1889)

En el siglo XIX es relativamente frecuente que la publicación de ciertas noticias dé como resultado el encarcelamiento provisional del director del periódico. Es lo que le sucede, en octubre de 1889, a Joaquín Martínez Barrajón, máximo responsable de El Clamor de Castellón a cuenta de la denuncia de unas irregularidades atribuidas al alcalde de la ciudad, el médico Antonio Forns Sánchez. El domingo 27, el periódico republicano se lamenta porque después de unos días, «todavía anda por la calle» el alcalde, mientras su director «continúa en la cárcel». Asimismo, se da cuenta de una multa impuesta por el juez al propio director tras publicar el periódico un acta firmada por «fieles e interventores» responsables de la recaudación del impuesto de consumos, fuente de ingresos municipal que consistía en la cobranza en distintas puertas de la ciudad de unas tasas en función de los productos que ingresaban en la misma:

El origen de todo ello se encuentra dos semanas atrás, cuando el domingo 13 de octubre el periódico cita una frase del Diario de Castellón y a continuación, la comenta con una serie de graves acusaciones muy concretas al alcalde:

En la siguiente edición del periódico bisemanal, el jueves 17, ya se da cuenta de que su director está en prisión, con la advertencia de que «ni el secuestro, ni la denuncia, ni el encarcelamiento de nuestro director, han de ser parte bastante á dejar de probar de una manera concluyente que la gestión del señor Forns ha sido desastrosa para los intereses municipales. Espere confiada la opinión». Así, El Clamor de Castellón anuncia que en su próxima edición aportará pruebas de los hechos denunciados:

Dicho y hecho, el domingo 20 se publican sendas páginas con una relación detallada de cada uno de los hechos que se denuncian. Todo ello, bajo el títular a toda página Tarpeya y el Capitolio, en alusión a la Roca Tarpeya, cima de una de las siete colinas de Roma desde donde en tiempos de la República romana se realizaban ejecuciones, por el método de despeñar a los traidores:

(Doble clic para leer con nitidez)
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Nótese que el final de esta doble página se lamenta porque después de todo, se encuentre «en la roca Tarpeya, el emplazador» y «en el Capitolio, el emplazado», en alusión a su permanencia en la Alcaldía, donde solo permanecería dos meses más, hasta el 1 de enero de 1890, según explicará José Luis Gimeno en su libro inédito Las calles de Castellón, en el que Forns es protagonista puesto que desde 1996 cuenta con calle propia en la capital. Entre otras realizaciones de su mandato, destacan la inauguración de la Panderola, el derribo de la muralla entre San Vicente y el Cuartel de San Francisco (Ronda Mijares) o la sustitución del alumbrado público de petróleo por el de gas.

En el citado libro de Gimeno, por cierto, se relata el chusco final de la vida política de Forns: se presentó a las elecciones de 1890 «formando coalición con Matías Ferrer Porcar y Joaquín Calduch Roig, con las siglas FFC, sus iniciales. La prensa (El Eco) bromeó con las siglas calificándolas de Faena Fuch y Compañía y lógicamente, perdieron la elección».

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