En un tiempo en que muchas funciones del Ayuntamiento de Castellón recaen en los propios concejales, los ediles se turnan por semanas en el trabajo de almotacén, encargado de contrastar pesas y medidas. De este modo, Heraldo de Castellón elogia en septiembre de 1899 al concejal Ferrer Garibó tras una «visita de inspección a las panaderías» que se salda con el decomiso de 122 panes «faltos de peso».
«¡Muy bien señor Ferrer; así se procede!», alaba el periódico al edil, invitándole a castigar «sin contemplaciones de ningún género» el fraude producido por «gente poco escrupulosa», con «perjuicio notorio del público». Heraldo finaliza su nota con un deseo: «ojalá sirva su noble conducta de ejemplo a los demás concejales».


