Las deudas acumuladas por algunos clientes de peluquerías y barberías llevaban a este gremio de profesionales castellonenses a adoptar una medida «radical», en la primavera de 1904. «La solidaridad se impone», proclamaba en su noticia Heraldo de Castellón: la decisión sería sencillamente la de «dar á conocer a los parroquianos morosos que invitados a pagar sus atrasos den la callada por respuesta o pretendan servirse de bóbilis en otro establecimiento». Es decir, publicar sus nombres.
El periódico admitía que la medida había causado «algún disgustillo», pero la veía «precisa» dado «el crecido número de clientes que venían aspirando al servicio gratis de hermosearse«.


