Polémica en la prensa por un «derroche» en la comida municipal de la Magdalena (28.03.1889)

El tercer domingo de Cuaresma de 1889 cayó en 24 de marzo. Aquel día, los lectores de El Clamor de Castellón se encontraban con esta breve nota que daba cuenta «de la comida para el ayuntamiento y clero en el ermitorio de la Magdalena», que se había encargado al «señor Fortis«, dueño de la Fonda de España, con un menú «de los más escogidos».

No obstante, en la siguiente edición de la publicación bisemanal, publicada el jueves siguiente, día 28, el tono había cambiado por completo y distaba mucho de ser complaciente, calificando «sablazo» a los fondos municipales el «banquete mónstruo» de la Magdalena como «el más pródigo de los despilfarros». La crítica del periódico republicano se dirigía al consistorio presidido por el médico conservador Antonio Forns Sánchez.

La cosa no se quedó ahí. El domingo 31 el periódico volvía sobre el tema y pedía transparencia al Ayuntamiento de Castellón, poniendo a su disposición «nuestras modestas columnas» para que la secretaría municipal publicase «la cuenta detallada» de lo gastado en la comida de marras:

Y precisamente en la misma jornada del 31, el liberal La Provincia dedicaba un amplio artículo a «los gastos de la Magdalena», con las cifras de la comida y su comparación con las de años anteriores, deslizando críticas nada veladas a las corporaciones anteriores -en manos de los republicanos- y pullas directas a los colegas periodistas: «de seguro que las impresiones que ha recibido El Clamor han sido inspiradas por sus amigos que asistieron a la fiesta y no dejaron de saborear el menú con sumo gusto, para después criticarlo a su placer». Su conclusión: «vergüenza da tener que tratar este asunto en la prensa».

El último eco de la polémica se reproducía en El Clamor de Castellón, en réplica a La Provincia, el 4 de abril, asegurando incluso que los consistorios gobernados por los republicanos, «los concejales, en vista de la penuria del ayuntamiento, pagaron de su bolsillo particular el banquete». Al final, insistían en calificar la comida objeto de la polémica de «sonado acto babilónico».

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