«¿Calla el periodista? Es un vendido a la empresa. ¿No calla y arremete indignado contra la empresa, los toros y los toreros? Es un periodista disgustado. El dilema es ese». El crítico taurino de Heraldo de Castellón compartía así con sus lectores los pensamientos que le llevaban a pasar «la noche en vela, torturando su cerebro la preocupación por estas líneas», en marzo de 1909, tras la corrida de la Magdalena, que a su juicio había sido un «gran desastre».
Unos días antes, el 21 de febrero, desde el ‘semanario ilustrado de espectáculos’ Respetable público, Joaquín Ram Borjas había comentado de este modo el cartel de aquella tarde del domingo 21 de marzo, subrayando el entusiasmo reinante, aunque lamentándose de que los toros fueran de Anastasio Martín, «que aquí carecen de prestigios». El cartel, eso sí, era «de primera: Bombita, el dictador taurófilo, el primer torero contemporáneo, alternará con el Gallo, que parece que viene a decidido a quedarse de amo del cartel».



