El jueves 15 de febrero de 1894, El Clamor de Castellón anunciaba así el reparto de la compañía encargada nada menos que de inaugurar, con la zarzuela El Ángel Guardián, el nuevo Teatro Principal de Castellón, el anhelado coliseo de la plaza de la Paz. Su construcción suponía la culminación de un proyecto acariciado durante décadas por la ciudad, el cumplimiento de un anhelo que se identificaba como signo de progreso.
Tres días después, el mismo periódico calificaba de «acontecimiento» la jornada inaugural, y se refería al aspecto de un «soberbio» teatro «materialmente invadido por una multitud de gente». Asimismo, se hacía eco de la «calurosa ovación» que «como premio a sus talentos» habían recibido el arquitecto Godofredo Ros de Ursinos y el pintor escenógrafo valenciano Ricardo Alós.




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